Cerebro contra la burocracia

10 febrero 2012

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Excepto Hacienda, en realidad hace mucho tiempo que no me paraba en una dependencia pública a realizar un trámite, cuestión de años. ¿Misión?, en la asociación que pertenezco, Movimiento Propuesta Ciudadana, teníamos que pedir dos permisos para cerrar una calle porque estabamos pensando en hacer una Cine Colecta en beneficio del Pueblo Tarahumara. Levanté la mano y me ofrecí para ir a hacer los trámites. Para eso fui al Ayuntamiento de Guadalajara en el Centro Histórico, que siendo sincero, no se que le ven de bonito (a excepción de algunos murales, el Hospicio Cabañas y otra cosa) como para que sea un lugar tan turistico, está infestado de comercio ambulante. Bueno, llegando al Ayuntamiento de Guadalajara, vi que las dependencias lucen más modernas que hace algunos años, tienen computadoras con pantallas planas y el mobiliario es decente. Lo primero que me di cuenta es que los que trabajan ahí les va muy bien (si los mantenemos con nuestros impuestos), varios de esos tipos tienen la facha de ser Juniors, su peinadito tipo Peña Nieto, su saco y su camisa, una curioso cruce entre un Hipster y un Mirrey, algunos con su iPhone 4S en un trabajo que muchas veces no llega a cumplir las 8 horas diarias, donde hasta por el natalicio del perro del güarura de afuera se declara día de asueto.

Es cierto, el servicio en general no es muy lento, al menos no como antes, pero el joven que te atiende te canaliza con una señora, y esta con otra, y luego con otra hasta que dan con la encargada. Esta me dice que tengo que sacar copias al permiso, pero a pesar de que ahí tenían impresoras, no se molestaron en hacerme el favor de sacar una copia. Para eso tuve que ir a un cybercafé donde no tenían copiadora, y tuve que reescribir la solicitud de permiso manualmente. En ese cyber el encargado me levantó la voz porque me dijo que fuera a la computadora 13 y yo le entendí la 3; no quedé lejos de darle un moquetazo para que se quitara lo “mamila” un moquetazo que coadyuvaría en un trauma psicológico para el empleado que por cierto tenía mal aliento y le olían mal las axilas (y era la mañana ¿qué no se bañó?), después no me quisieron prestar la pluma para firmar el documento y se la tuve que pedir prestado a una señora de una tienda. Regreso al ayuntamiento y me dicen que en una semana me resuelven el permiso, cuando precisamente en una semana teníamos el evento, por lo cual tuvimos que posponerlo.

En vialidad donde tenía que sacar el otro permiso fue algo parecido, si bien los empleados eran más amables, tenían una burocracia terrible, me canalizaron con 3 personas distintas hasta que recibieron mi petición. Curiosamente atrás estaba Diego Monraz, el Secretario de Vialidad platicando de juergas y quien sabe quien más. Precisamente la carta tenía que estar dirigida a su nombre. En los dos casos tenía que hablar por teléfono para ver el status del trámite. En vialidad me dieron largas y más largas, al hablar por teléfono me canalizaron con 5 personas distintas y me prometieron que el jueves pasado me resolvían, pero para mi sorpresa todavía no tenían respuesta y me tenía que comunicar la siguiente semana. Luego hablé al ayuntamiento y me dijeron que no podían tramitar el permiso sin el acta constitutiva de la asociación (cosa que no me dijeron desde un principio),  y tuve que volver a darme la vuelta para llevarla. Después de eso me dicen -ven el martes por el permiso-. Voy el martes y me dicen que todavía no lo tienen, que les hable el jueves.

En total tuve que ir al Ayuntamiento de Guadalajara 3 veces para no obtener nada, puras negligencias de los dependientes que por esos malos servicios tienen su buen coche y su iPhone 4S con el mentado Siri, el cual en México no sirve para nada. Mientras otros tenemos que preocuparnos por entregarles servicios de primera calidad a nuestros clientes, y no recibimos tanto dinero como estos dependientes gubernamentales, que algunos seguramente son amigos y parientes de Aristóteles, ese Alcalde de Guadalajara, que en un triénio gastó todo el presupuesto en pintar de rojo la infraestructura vial.

Debido a que tuvimos que cancelar el evento por que nos salía más redituable instalar un centro de acopio pues se cancelaron los trámites, que de seguro no hubieran estado listos para este viernes. Pero es lamentable como el solicitar un simple permiso se vuelve un terrible dolor de cabeza, gasto de gasolina innecesario y también de camiones (porque utilicé tanto el automóvil como el transporte público para trasladarme). Y lo penoso es que ni siquiera son buenos para promover expresiones artísticas en sus recintos, como este que pueden ver a continuación, que por cierto, no se si sea una flor, pero tiene rayones que a primera vista parecen ser hechos por bándalos, y por supuesto, tiene ese estridente “rojo aristotélico”

Aristóteles Sandoval

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