Pemex, un caso de prejuicio revolucionario

8 diciembre 2011

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Petrobras es una empresa petrolera que pertenece mayoritariamente al estado brasileño (un 64%), el resto es parte de capitales privados. Naturalmente con ese porcentaje, el gobierno brasileño es el que tiene el control sobre la petrolera en materia de decisiones, pero la IP gana un porcentaje de las ganancias que ofrece el negocio. La empresa fue privatizada parcialmente, sin que esta dejara de ser controlada por el estado, pero de esa forma obtuvo grandes beneficios, gracias a la inversión de capitales privados, porque se pudo extraer más crudo del que se hubiera podido hacer sin la ayuda de estos capitales. Petrobras ha tenido mucho éxito y ha emitido títulos por 71,000 millones de dólares, mientras Pemex ha perdido 43% de reservas y la PDVSA de Hugo Chávez arrastra 24,000 millones de deuda.

Los críticos aquí en México de esta privatización parcial ven esta medida neoliberal. Pero curiosamente en Brasil fue llevada a cabo por un gobierno socialista de izquierda (Lula da Silva) [Fe de Erratas, fue, Enrique Cardoso, socialdemócrata]. También alegan que estarían rompiendo el sacrosanto primer mandamiento revolucionario: -No privatizaras petroleo ni refinerías. Porque el petroleo es de “todos los mexicanos”, ¿en verdad es de todos si de la extracción del crudo sale el financiamiento de las patéticas campañas electorales?. Y no es que deba quitar mérito a la expropiación petrolera que llevó a cabo Lázaro Cárdenas que fue una muy buena decisión, pero lo que los críticos no te dicen es que antes de dicha expropiación, las petroleras eran controladas “totalmente” por empresas extranjeras y el estado no veía casi un céntimo de las ganancias. En cambio lo que se ha querido hacer no es regresar ni remotamente a ese modelo (y estoy hablando de la opción más privatizadora de todas las que se han propuesto), sino que como en Petrobras la privatización sería parcial y el estado seguiría teniendo el control.

En español (nótese el acento demagógico): Pemex seguiría siendo de todos los mexicanos y todos nosotros controlaríamos a nuestra empresa, nada más que les venderíamos una parte de nuestra empresa a capitales extranjeros que no podrán decirnos a “todos nosotros” que hacer con nuestra paraestatal, pero que gracias a su capital, podremos extraer más petroleo, con lo cual a la larga, todos los mexicanos ganaremos más dinero.

Los que se oponen ya no a la privatización parcial, si no a la concesiones privadas son los de la izquierda y algunos tipos del PRI. El problema con la izquierda mexicana, que como una vez alguien me dijo, es el basurero del PRI, es que sigue añorando los preceptos de la Revolución Mexicana. Cuando dicha revolución se institucionalizó formando el “partido único” desde que Cárdenas abandonó el poder se traicionó vilmente a la fallida revolución y la izquierda se siente la heredera de dichos preceptos revolucionaron. Pero my friend, la revolución inició hace 101 años, eran otras épocas, todo era diferente, el mundo era otro completamente distinto. Es como extrañar a la novia que hace 30 años uno tuvo, la cual ahora está casada, tiene 3 hijos y tiene arrugas, ya no aplica.

La izquierda mexicana debería enfocarse en disminuír la desigualdad social y aumentar las oportunidades para todos, más que apegarse a un dogma obsoleto. Lula da Silva logró disminuír la desigualdad social y sacar a millones de brasileños de la pobreza, y parte de ese éxito se debe a la buena gestión de Petrobras. Puede ser cierto que varias empresas gringas sin escrúpulos tengan la mira apuntando a Pemex (Haliburton por ejemplo), pero el estado bien puede decidir con quien vale la pena hacer negocios. y decidir abrir a Pemex a la inversión privada por iniciativa del estado mexicano y no por presión de algunas corporaciones extranjeras, curiosamente Lula da Silva propuso a Pemex crear una sociedad entre Pemex y Petrobras.

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