El mito del chico bueno Pt II

14 octubre 2011

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Ya había hablado en anteriores ocasiones sobre el mito del chico bueno, donde mucha gente cree que por el solo hecho de ser bueno y “echarle ganas” iba a triunfar en la vida, como si esta se encargara de hacer justicia y colocar en las mejores posiciones del escalafón humano a los hombres buenos y a los hombres trabajadores. Esto me trae un recuerdo, hace unos años acompañé a mi madre a una tienda donde surten ropa al mayoreo (porque ella se encarga de venderla al menudeo) y me dijo que el “chalán” le causaba admiración, porque era una persona que siempre estaba dispuesta a trabajar duro y nunca dejaba de expresar una sonrisa a toda persona que le pidiera un favor. Se veía que era una persona positiva, enérgica, trabajadora, iba de aquí pa allá, pero a pesar de todo, era el chalán, era el que tenía el puesto más bajo en la empresa de ropa.

Me pregunté ¿Entonces de que sirve ser bueno, si veo que esta persona no puede aspirar a tener más del puesto que tiene?. Veo muchas personas que trabajan y se la rajan más que nosotros y tienen un nivel de vida mucho más bajo, como los albañiles, muchos de los cuales incluso arriesgan su vida, que no tienen otra escapatoria de sus vidas rutinarias más que el alcohol y el futbol. Hay personas que tienen valores y la disposición de esforzarse pero no trascienden en sus vidas, no tienen éxito con las mujeres, algo pasa. Si el mundo fuera justo, entonces algo debería estar funcionando mal.

Veo también a la gente rica y poderosa, y muchos de ellos no son precisamente un ejemplo a seguir en cuanto a valores humanos se refiere, muchas veces su ambición va por encima de los valores humanos (aunque si existen algunos que son ejemplares). Ellos quieren poder, dinero, y muchas veces lo consiguen. Esto ha sido a través de la historia de la humanidad, y por más que nos busquemos inventar un nuevo sistema social y económico, esa disparidad entre gente privilegiada y gente no privilegiada seguirá existiendo. ¿Entonces, porqué muchos se empecinan en ser buenos con el mero objetivo de tener más éxito en la vida?, eso se me hace una hipocresía, porque la bondad es un valor humano, que es muy independiente del éxito o fracaso de las personas.

El éxito no se mide a partir de la bondad o la maldad de las personas. Se mide a partir de su fortaleza y la capacidad de adaptarse a su entorno. Lo decía, el humano es un animal superior, a cual a diferencia de sus pares, fue dotado de raciocinio e inteligencia. Pero aún con esos dones que lo diferencian del animal común, el patrón sigue siendo el mismo, aquel animal que sea más fuerte y que logre adaptarse a su entorno más fácilmente obtendrá más frutos, no hay más. Muchos creen en la justicia divina, creen que siendo buenos serán premiados. Quizá eso sea al finalizar la vida, pero en la vida terrenal no es así.

Con esto no quiero decir que “ser una mala persona” te va atraer éxito, es igual de absurdo. El éxito, ya sea en los negocios, en la vida personal, con las mujeres, en la intelectualidad, en todo, es algo totalmente independiente (o casi). Por eso hay gente exitosa tan disimil entre sí cuando hablamos de sus valores, si comparamos por ejemplo a la Madre Teresa de Calcuta con Adolfo Hitler, los dos tenían un esquema de valores totalmente opuestos y los dos llegaron a ser reconocidos y marcaron historia en la sociedad. Creo que más bien la bondad o la maldad puede estropear el camino a una vida plena cuando sus impulsos emocionales sobrepasan a la razón.

La vida es un juego, y hay que aprender a jugarla. La vida es caótica y cambiante, no es estable, no se puede vivir en una zona de confort con ideas rígidas, en este caso el hombre sucumbirá. El hombre exitoso, que destaca sobre los demás sabe adaptarse a los cambios, no solo requiere de esfuerzo, sino de inteligencia (de las dos, tanto de la cognitiva como de la emocional). No podemos estar esperando a que la providencia o quien sea venga y resuelva nuestros problemas o nos guíe a nuestro pleno autodesarrollo. Y es cierto, que los factores externos importan, no es lo mismo nacer en un seno familiar con comodidades que en uno precario, eso puede determinar el futuro de una persona en un “algo” pero no en un “todo”.

El ser bueno con las demás personas y mostrar siempre una sonrisa se agradece, pero no por eso las demás personas se van a encargar de levantarte hacia el éxito. El éxito o autorrealización es una necesidad en el ser humano. Hay quienes lo niegan, pero de todos modos lo buscan. Hay quienes dicen no estar interesados en el dinero, y puede ser cierto, pero buscan el éxito en otros ámbitos, en la influencia sobre las demás personas, en la capacidad de hacer un cambio por la sociedad, en la intelectualidad, en cualquier cosa, pero el hombre siempre busca sobresalir, no podemos negar esa condición innata a nosotros.

Hay quienes basan su éxito en valores bondadosos (Ghandi, Madre Teresa, etc.) y hay quienes lo basan en antivalores (Hitler, Stalin), otros son más ambiguos. Pero no es la bondad o la maldición las que los llevó a su autorrealización. Fue la fortaleza y la capacidad de adaptarse al entorno, la inteligencia. Los valores fueron un fin, no un medio como muchos piensan. El valor de la bondad fue creado para procurar una sana convivencia entre la humanidad, no para promover a lo seres humanos a un punto superior. Entonces el mito del chico bueno queda desterrado. No por ser bueno serás bueno en los negocios, obtendrás a la mujer de tus sueños, serás admirado, serás reconocido. Si te quedas con ese mito como modelo de vida, simplemente pasarás a ser un donadie.

Ver primera parte aquí

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