Andrés Manuel López Obrador Light

13 octubre 2011

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Dicen que para ganar unas elecciones presidenciales lo más prudente es aproximarse al centro. Cuando un candidato se arrincona en la izquierda o en la derecha, adquiere simpatizantes fieles con su causa que nunca le fallarán, pero será detestado por aquellos que se mantienen cerca del centro del espectro político y estos son quienes normalmente definen las elecciones. En el 2006 Andrés Manuel vivió esto, se arrinconó tanto en la izquierda que espantó a muchos de los votantes indecisos. Y eso no le ha pasado solo a él. En las elecciones de Estados Unidos, John McCain se precipitó al final, y terminó arrinconándose a la derecha al afirmar que Obama negociaría con Castro y con Chávez, naturalmente terminó perdiendo.

Hasta la fecha, para la mayoría de los mexicanos, López Obrador tiene una imagen de izquierdista radical. Tiene un buen número de seguidores, pero para nada son los suficientes como para ganar una elección, máxime cuando los que no lo siguen lo detestan, por lo cual López Obrador no podría contar con el voto útil y si hubiera seguido en la misma postura que ha mantenido durante los últimos 4 años, ni tendría caso que se presentara como candidato de algún partido en las Elecciones del 2012.

Pero Andrés Manuel López Obrador ha decidido dar un giro que ha sorprendido a más de uno. Creo que todo inició con la campaña de MORENA, en la cual ya no se sentía tanto ese deprecio ante aquel que pensaba diferente a él, pero se ha consumado en una visita que hizo a Monterrey para dar una conferencia con empresarios de la capital regiomontana. Ya había escrito en un artículo que publiqué en Vivir México, en donde hablo de que López Obrador ganó las simpatías de empresarios como Alfonso Romo, presidente de la casa de bolsa Vector, y Fernando Turner, un empresario regiomontano que se unió a MORENA siendo el responsable de la Política Antimonopolio y Sector Empresarial.

También López Obrador ha emprendido un viaje a Estados Unidos y España para visitar no solo a connacionales, sino también para participar en cículos académicos reconocidos de ambos países, lo cual es soprendente, sobre todo cuando antes López Obrador en otros tiempos era acusado de no visitar suelo extranjero y de ignorar toda la influencia internacional sobre el país. Ahora con esto da a entender que el trato con Estados Unidos sería cordial (callando bocas al menos en teoría a aquellos que decían que iba a tomar una posición antiimperialista) y el mismo dicho que gobernaría con un juicio práctico y no con una visión ideológica.

Tal vez es una decisión tardía, pero creo que recorrerse al centro fue la mejor decisión que pudo tomar, y esto le pondrá un ingrediente extra a las elecciones. Sigue hablando de la mafia y la derecha, pero de cierta forma los ha arrinconado y ha reducido su tamaño. Es decir, los toma como si fuera un pequeño sector de la población (unos cuantos empresarios privilegiados, unos cuantos políticos) y ya no como un gran sector de la población que está comploteando en su contra. Ahora habla de la importancia de los empresarios, de libre mercado y de la competitividad, palabras antes prohibidos en el subconciente del tabasqueño.

El no es el primer candidato que se desarrolló en un seno izquierdista y terminó recorriendose hacia el centro. El ejemplo más conocido es Lula da Silva (con el cual podemos encontrar muchos paralelismos con el precandidato de la izquierda). Antes arremetía contra el FMI, contra el neoliberalismo y el imperialismo, al igual que López Obrador no tenía un importante recorrido académico, y también al igual que AMLO, en algunas elecciones denunció un fraude electoral y la orquestación de un complot de la derecha en contubernio con los medios de comunicación. El ahora ex-mandatario brasileño, se moderó en las últimas elecciones y logró atraer a los votantes indecisos y de centro que alguna vez lo odiaron y llegó al poder. No solo eso, se convirtió en uno de los mejores mandatarios de América Latina, si, con una visión más de izquierda, pero responsable y abierta al mercado. Dejó un Brasil que si bien todavía tiene algunos problemas por solucionar, tiene mucho más peso en el panorama geopolítico mundial.

¿Sería lo mismo con López Obrador?. No lo sé. Yo tengo muchas discrepancias con él, pero esta repentina moderación habla bien del tabasqueño. Tal vez sea demasiado tarde, más cuando en 2 meses se definen las elecciones internas y falta menos de un año para las elecciones federales. Tendrá qué seguir ese mismo camino que ha emprendido para quitarse hasta donde le sea posible esa etiqueta de izquierdista radical.

Mi duda es, ante este cambio de posición, ¿Qué pensarán sus seguidores más radicales?, ¿Qué pensarán Fernandez Noroña y Di Constanzo? ¿Qué pensarán las grandes empresas que no pagan impuestos y las televisoras?, ¿Qué pensará el mexicano común?.

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