Mujeres criminales

22 agosto 2011

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En días pasados, el periódico The New York Times publicó una nota en donde destacaba la “feminización de la guerra contra las drogas”, haciendo referencia al fenómeno de victimización y criminalización de las mujeres en el narcotráfico en México. The New York Times hace referencia al incremento de 400 por ciento de mujeres encarceladas por delitos federales en México desde el año 2007 y da cuenta de una serie de relatos de mujeres criminales hoy encarceladas en un penal de Ciudad Juárez. Pero la nota, deja muchos cabos sueltos en términos de análisis y evidencias con respecto este fenómeno de feminización del crimen en México. Un estudio del Instituto Mexicano de las Mujeres publicado en 2009 indica que en los últimos 10 años, el número de mujeres en las cárceles aumentó 200 por ciento (cifra que contrasta con 400 por ciento de incremento que menciona el periódico norteamericano) y señala que en 1993 había en los 445 centros penitenciarios del país 230 mujeres encarceladas (4 por ciento de la población total de reos). Los cálculos oficiales estiman que al día de hoy, existen 469 mujeres presas que representan 14.14 por ciento de la población total de reos.

En México, las mujeres representan 51 por ciento de la población nacional, 52 por ciento del padrón electoral y participan con 33 por ciento de la actividad económica nacional. Según los cálculos oficiales, en nuestro país, existen 4 millones de hogares que son dirigidos por Mujeres Jefas de Familia. Los análisis más recientes indican que durante la década de los noventa, explicar los motivos por los cuales una mujer se implicaba en el crimen tenían un fundamento basado en causas biologicistas y psicologistas, cosa que hoy no es suficiente dado que no existen estudios que nos hablen de los aspectos estructurales de este tema, mucho menos de las implicaciones sociales a largo plazo.

Hay quienes dicen que las mujeres que se implican en el crimen organizado lo hacen por tener una relación de sumisión con quien las implica, por necesidad y porque al ser el sexo débil, terminan siendo engañadas para ser “mulas, ganchas y burreras” del crimen. Al hacer referencia a las causas actuales de la reclusión femenina, las mujeres hablan de la falta de oportunidades, de las pocas expectativas generales que les brinda la sociedad para salir delante de manera digna, a la vulnerabilidad de la que son objeto por el bajo poder adquisitivo que tienen y a la dependencia emocional que pueden tener con su pareja. Las mujeres presas, han mencionado que la crisis económica y de seguridad social que viven, es un motivo suficiente para “entrarle” al crimen con tal de satisfacer las necesidades de sus hijos. Ello demuestra que las causas no están sólo fundamentadas en la sumisión hacia el varón, sino sobre todo, en las pocas oportunidades que tienen.

El gobierno federal, no muestra disposición a investigar, entender e incorporar estas causas y razones a una visión de largo plazo que pueda traducirse en políticas públicas diferentes que mejoren la realidad de estas mujeres; solo se dedica a promover, mediatizar y espectacularizar este fenómeno de feminización del crimen. Según El Universal, el gobierno calderonista gastó más de 3 millones y medio de pesos del erario en promover la captura de Sandra Ávila (La Reyna del Pacífico); cosa que demuestra que para el gobierno, la feminización del crimen es un tema de estereotipos, sensacionalismo y simplicidad. No hay duda de que la feminización del crimen es un fenómeno actual y en incremento, pero observarlo con simplicidad política, no aportará a combatirlo y reducirlo.

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