El peso de ser una celebridad. La diferencia entre Amy Winehouse y los atentados en Oslo

24 julio 2011

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Amy Winehouse fué una cantante talentosa, la cual en su corta carrera solo lanzó dos discos (Frank y Back to Black). Su voz era realmente buena, tenía el registro de voz “contralto“, el registro vocal más grave en una mujer. Pero lamentablemente como pasa con muchas personas con un gran talento, también sufría de depresiones lo cual hizo que la cantante abusara del alcohol y de numerosas drogas. A pesar de su éxito y fama no lograba ser precisamente una persona feliz, tuvo problemas con su ex-esposo, la trataron de internar en clínicas de rehabilitación a lo cual siempre se negó. Su vida terminó a los 27 años, todavía no se explican las causas, pero seguramente sus adicciones y sus depresiones fueron la causa de tal muerte.

Amy Winehouse entra al “club de los 27”. A esa corta edad han muerto genios de la música como Jimmy Hendrix, Janis Joplin, Jim Morrison o Kurt Cobain, los cuales se han convertido en mitos contemporaneos pero que sufrieron de una vida caótica a pesar de lo que la fama les podría ofrecer. Parece que con Amy Winehouse podría pasar lo mismo. Abuso con el alcohol, drogas, una vida sexual desenfrenada, depresiones mezcladas con un gran talento musical y la muerte dan como resultado a las leyendas.

El peso de ser una celebridad en el mundo es tan fuerte que logró opacar lo ocurrido en Oslo Noruega (al menos así se percibió en redes sociales como Twitter), donde más de 80 personas murieron en un atentado. ¿Cómo en una sociedad tan perfecta como la Noruega pueden ocurrir esos hechos?. Primero se habló de un atentado islamita, pero ahora parece ser que este fue perpetrado por Anders Behring Breivik autor confeso que forma parte de una corriente ultraderechista. El primer atentado se llevó a cabo en el distrito gubernamental de Oslo, y el segundo en el campamento de las juventudes socialdemócratas.

Esto es preocupante porque en países tan “perfectos” (Noruega, Suecia, Finlandia, Dinamarca)  donde su población tiene un nivel de vida más que aceptable y donde la pobreza casi no existe, se están formando células ultraderechistas xenófobas. ¿Qué es lo que estará pasando?, me pregunto yo. La ultraderecha regresó al congreso de Noruega después de dos décadas de ausencia. Parece que a pesar de los grandes beneficios que recibe la población por parte del gobierno (ayudado claro, por un mercado eficiente), algunos no se conforman con eso y quieren ver a los que no piensan igual que ellos fuera de su territorio, ya sean extranjeros, socialdemócratas o de otras corrientes. Y fíjense, hace algunos años escuché por parte de algún experto que el retorno de un nuevo “Hitler” en Europa no era algo imposible dado el clima que se vivía en el otro lado del charco, no le creía pero parece ahora que no estaba tan equivocado.

La democracia liberal no está pasando por uno de sus mejores momentos, eso es muy cierto. Muchos no están contentos con ella a pesar de sus beneficios. A los griegos les costó mucho sostenerla, no lo lograron y desapareció por varios siglos. ¿Cuanto tiempo lograremos sostener la democracia nosotros?.

Eso es algo que me preocupa, más que la muerte de Amy Winehouse, que sí, es lamentable, pero que no representa un riesgo para una comunidad, país o región, como si lo representa el atentado que sufrieron los noruegos. La mayoría de la gente no se percata del trasfondo que conllevan los atentados en Noruega y por eso tal vez le den más atención a la muerte de una celebridad. La ideología política tiene una mayor repercusión en la sociedad que una hermosa voz, sin duda. Es duro sufrir de depresiones y lidiar batallas contra las drogas como en el caso de Amy, pero es más duro que casi cientos de personas tengan que pagar por la intolerancia de un fanático político.

 

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