La oscuridad en la democracia

22 junio 2011

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México vive una democracia incipiente, imperfecta por decirlo de alguna manera. Muchos nos creímos la novela de que con la transición democrática ya todo iba a cambiar, nuestros ingresos iban a aumentar, iba a haber más seguridad, los políticos se iban a comportar mejor, pero algo falló. Todo el inconsciente colectivo que venía arrastrando la nación terminó por boicotear la transición. Los mexicanos debíamos sacar del inconsciente ciertas conductas y reaprenderlas para adaptarlas a un marco democrático y no lo hicimos. Todas las mañas y los malos hábitos siguen, tal vez el escenario sea diferente, pero el fondo es el mismo: Mexicanos que esperan que el gobierno les resuelva la vida, políticos que hacen lo que quieren porque la ciudadanía no los vigila, gobiernos corruptos, sindicatos, monopolios. Nada de eso ha desaparecido.

Con la democracia se han agregado dos nuevos elementos a los anteriormente mencionados, la ineptitud y la improvisación. Concordaba con un amigo cuando recordábamos aquellos tiempos cuando el PRI gobernaba nuestra ciudad (Guadalajara), había mucha corrupción eso sí, pero había planeación, había cierta armonía en la ciudad, habían estrategias a largo plazo; por un ejemplo, se había iniciado la construcción de una red de tren ligero planeada a terminarse en décadas. ¿Qué pasó cuando llegó el nuevo gobierno? Acabó con todo. El hecho de que los gobernantes ahora solo tengan un sexenio para gobernar provoca que tomen decisiones electoreras cortoplacistas que terminan por afectar a la comunidad. La ciudad de Guadalajara (y supongo que es el caso de muchas otras ciudades) se ha deteriorado debido a que no hay políticas públicas que permitan el crecimiento armonioso de la ciudad. Permiten que se construyan torres de 20 a 40 pisos donde hay mantos acuíferos y donde las estructuras viales no lo permiten, le dan prioridad al automóvil (sabiendo que la mayoría de su electorado tiene uno) sobre el transporte público. Se permiten giros comerciales en zonas residenciales, se construyen obras al vapor que terminan siendo rebasadas en poco tiempo, lo que ha traído más caos a la ciudad en vez de contenerlo.

Los políticos nos quieren ver la cara, me dice un amigo. Y es cierto, es lo que han hecho durante mucho tiempo. Nada más que como ahora tienen que competir con la oposición, el engaño suele ser más perverso. Nos hablan sobre la democracia, sobre la transparencia, pero siempre ellos terminan saliéndose con la suya. Nos terminamos preguntándonos por qué las cosas no avanzan e incluso muchos piden regresar al antiguo régimen.

Es aquí donde debería tomar acción la ciudadanía, sin ella no se puede entender la democracia y no se puede ponerla a funcionar. El quehacer ciudadano debería estar en la gente, en las asociaciones civiles, en la capacidad de los ciudadanos por buscar cambiar las cosas sin esperar a que terceros les resuelvan la vida. Los ciudadanos son los que deben impulsar las reformas, los cambios, y los políticos deben ser aquellos que las ejecuten. El político debe trabajar para el ciudadano, pero para eso el ciudadano debe de exigirle y pedirle cuentas claras a los políticos. No basta con ir a votar, es necesario tomar una participación activa.

Un amigo proponía una curiosa forma de revocatoria de mandato. Esta consiste en que el aspirante a un puesto político debe de presentar sus promesas que deberá cumplir al llegar a dicho puesto. Si no cumple cierto porcentaje de propuestas, automáticamente se le revocaría el mandato. Pudiera ser una opción, aunque también se tendría que analizar algunas contraindicaciones, por ejemplo, que no pueda realizar ciertas propuestas debido a la oposición (la ley de la selva se desataría a más no poder), o en un caso extremo, que llegara una crisis económica externa que impidiera el cumplimiento de dichas propuestas.

Yo más bien creo que dichas propuestas deberían estar definidas de acuerdo a las necesidades de la sociedad y que estas sean un producto de un “jale y empuje” de las asociaciones civiles y la sociedad. Podríamos hablar de una democracia directa donde los ciudadanos voten todas las leyes, pero ya personajes como Giovanni Sartori han puesto en entredicho esa modalidad. Los ciudadanos podrían estar malinformados, podrían no tener el suficiente conocimiento necesario, o podrían ser susceptibles de manipulación. Por eso yo creo que la actividad de las asociaciones civiles es importante, porque estas tienen la capacidad de informarse, retroalimentarse e influír en las decisiones gubernamentales. Es la sociedad más la información requerida para poder ejercer presión sobre el poder.

Si la ciudadanía decide salir del letargo y se organiza, la democracia podrá ser beneficiosa, pero si permanecemos en el letargo y en la apatía, viviremos en “la oscuridad en la democracia

 

 

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