Retos del pacto por la paz

13 junio 2011

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Las víctimas han quedado visibilizadas. El llanto que se derrama de cara a las ausencias, nos ha sido revelado. La realidad nos muestra que en este México, hay más dolor del que nadie hubiera podido imaginar y más lágrimas de las que las noticias revelan. La justicia en este país, se queda en sueños; la dignidad en ilusiones. Nadie como la Caravana del Consuelo para arropar los dolores nacionales y hacer visible también, el factor desigual y discriminatorio de las propias víctimas ante el Estado mexicano. El andar de la caravana nos mostró, que las voces del dolor son tantas, que en realidad son una misma, una sola voz. El reto hoy, es darle forma a esta voz nacional que se vuelve única; simbolizarla, dibujarla y caracterizarla, aún con su multiplicidad de gritos.

La Caravana del Consuelo que culminó en la firma del Pacto Nacional Ciudadano por la Paz con Justicia y Dignidad, debe ser leída a la luz de lo político no sólo como un respiro ciudadano ante las múltiples injusticias históricas que el Estado Mexicano y sus instituciones cometen en contra de sus ciudadanos; sino sobre todo, como una postura clara contra toda la clase política mexicana, contra nuestro sistema electoral, contra el modelo democrático actual en el que no caben más derechos que los de los privilegios del poder y la minimización de la ciudadanía. Hoy por hoy, ninguno de los aspirantes presidenciales al 2012, estaría en la posición de ser portador del consuelo nacional; ninguno de ellos, estaría dispuesto a reconfigurar nuestra democracia para ir por encima de los intereses de nuestra partidocracia y cobijar los intereses de los ciudadanos. Ninguno de los aspirantes tiene el talante necesario para escuchar y dolerse del dolor nacional.

Los resolutivos del Pacto Nacional Ciudadano por la Paz con Justicia y Dignidad, inauguran de lleno la etapa del satyagraha (“la fuerza de la verdad” o “la fuerza del alma” así llamado por Gandhi), la resistencia civil pacífica positiva, el paso del diálogo y la negociación que culmina en dolores colectivos impuestos de manera involuntaria, y que pretenden no solo ejercer coerción en el adversario sino lograr entendimientos con respecto a la verdad en un plano de justicia y dignidad.

Fueron nueve las mesas de trabajo que delimitaron estrategias y acciones de resistencia específicas. Si bien, como lo comentó el 10 de junio el mismo Javier Sicilia en Ciudad Juárez, este documento no está acabado y en algunos párrafos y momentos de su escritura no está bien compuesto y llega a sonar un tanto cuanto desordenado; es importante señalar que es un gran bosquejo que tiene el tino de someterse a la consulta y las aportaciones nacionales, quizá porque se dieron cuenta de que la realidad es más que la mirada centralista del dolor y que escuchar lo que los estados tienen que decir, es también importante. La aspiración del movimiento es inmensa: dos consultas, dos foros, tres encuentros y dos jornadas; todas con carácter de nacional y con diversos temas que requieren de una metodología específica y de mucho trabajo capaz de rebasar la tentación de la foto y de la mediatización misma para cristalizar propuestas y acciones concretas. El reto es construir el rostro nacional, plural y diverso del movimiento; un sentido de inclusión nacional sólido en donde todos, muy a pesar de nuestras diferencias e indiferencia, nos veamos representados y solidarios. Mientras tanto, tenemos que celebrar este pacto, firmarlo y adherirnos tan solo porque todos, somos víctimas de la multiplicidad de injusticias que ocurren en este país y que ya no estamos dispuestos a tolerar.

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