Yo voy a votar por…

6 junio 2011

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votoSinceramente todavía no sé por quién votaré en el 2012. Lo único claro, al ver lo que ha pasado en días anteriores, es que hay que sujetarse el cinturón porque viene la turbulencia. Ya comenzó la clase política con sus promociones; promesas, acciones, discursos, noticias, personajes, proyectos y ocurrencias que buscarán conectarse con mi gastada (o inexistente) esperanza, para venderme un país mejor.

Mi voto no está definido porque siento que, de los que se perfilan como candidatos, ninguno representa una opción que yo tomaría. Sé que quiero ir a votar (porque podemos ignorar el show y abstenernos), el problema es que a estas alturas, mi derecho a elegir se encuentra ultrajado por “opciones” que no satisfacen lo que quiero como ciudadano.

El PAN, por ejemplo, escala sus acciones políticas con el arresto al ex alcalde de Tijuana, Jorge Hank Rhon. Sin embargo, lejos de llevarme a votar por ellos, esto para mí significa dos cosas: 1) Si es culpable. Se hacen estas operaciones sólo cuando reditúan políticamente, y no porque se trata de hacer justicia o acabar con la impunidad de un personaje influyente. 2) Si es inocente. La situación es peor, ya que se hacen estos golpes mediáticos sin pruebas suficientes. Lo cual además de no ser ético (término ajeno la mayoría de los políticos mexicanos desde hace mucho tiempo), da la razón a los que acusan a Calderón de iniciar una cacería de brujas. Sea cual sea el motivo, el PAN no pinta bien para el 2012. Con la guerra fallida contra el narco y sus n candidatos a la presidencia de la República (incluyendo al gobernador que nos mentó la madre), mi voto definitivamente no es para ellos.

En segundo lugar está el PRI. Sabemos que Peña Nieto (PN) es quien está arriba en las preferencias para el 2012. Y debo admitir que esto me da mucho miedo por dos razones: La primera es que la alianza de PN con las televisoras será a cambio de concesiones que afectarán el activo más valioso y con mayor potencial de este país: El cerebro de los mexicanos. Si gana PN, los contenidos de nuestra televisión no mejorarán, porque el Estado no hará por aumentar la calidad de esos contenidos. Este temor es independiente de la influencia que puedan tener las televisoras en la toma de decisiones públicas si el PRI llegará a la presidencia. La segunda razón es que, a pesar de los intentos de cambio, el PRI no deja atrás el autoritarismo, la discrecionalidad y falta de deliberación en la toma de sus decisiones. Tampoco abandona sus prácticas corporativistas (aunque se escude diciendo que todo mundo lo hace). Tiene a personas muy talentosas y con muchas capacidades. Pero se maneja con la misma estructura que no deja que las ideas frescas permeen en los aspectos importantes del partido. Lo que a fin de cuentas, viene siendo lo mismo.

Por el lado de la izquierda, la que sería mi mejor opción por afinidad ideológica, la opción queda descartada por lo siguiente: Si compite AMLO y Ebrard al mismo tiempo, lo más seguro es que ambos pierdan contra Peña Nieto. Sólo uno debe ser el candidato. Pero al parecer no dan señales de que vayan a unirse. Pareciera que cada uno hace lo posible por llegar mejor posicionado a la hora de decidir quién será el candidato de la izquierda. Pero si a la hora de la hora, uno decide ir con el PRD y el otro con el PT no podré votar por ninguno de ellos, preferiría unirme al movimiento del voto nulo.

Este punto es importante. Porque algunas personas dirían que no me complique y decida anular mi voto desde ahora. Yo lo haría con mucho gusto porque creo que la clase política no ha podido estar a la altura de las circunstancias adversas que ha pasado nuestro país (incluso son responsables de muchas de ellas). Pero el problema con el voto nulo es que sirve como manifestación cuando no hay opciones, y en mi caso, de existir un candidato de izquierda que pueda representar una opción que llegue al poder, votaría por dicha opción. No porque vaya a salvar al país (eso sólo lo hará la sociedad civil organizada). Pero al menos habrá mayor probabilidad de apertura al diálogo a demandas sociales que no deben ser ignoradas por más tiempo.

Por eso digo que mi libertad de elección está coartada en estos momentos. Al menos de elección partidista. Porque – y concluyo con esta idea – el no tener opciones partidistas no debe ser motivo para desconectarnos de la vida política de nuestro país. Yo anulo mi voto, o se lo doy a la izquierda. Pero eso es lo de menos. Decida lo que decida, vote por quien vote, siempre tendré la opción (la obligación) de pedir cuentas, de quejarme, demandar, marchar, o de plano, sublevarme.

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