Descanse en paz la risa mexicana

30 mayo 2011

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risa mexicanaDecía el sociólogo Peter Berger que lo cómico construye mundos interpretativos diferentes en los que la condición humana supera sus propios límites. Lo cómico dibujado y vehiculizado por medio del humor, conforma una capacidad de burlarse de uno mismo y/o de las circunstancias. Durante muchos años, los mexicanos hemos construido un espacio de humor político que nos permite hacer que las desgracias de las acciones políticas sean menos dolorosas o bien, que las corruptelas y la impunidad con la que actúan quienes están en espacios de poder, puedan ser sobrellevadas. Si pasábamos por devaluaciones y crisis económicas, compartíamos el doloroso camino de sobrellevarlas con un chiste, con una burla, una sátira.

Burlarnos del poder político, era la única forma de tener un espacio de redención. Escuchar casos de corrupción e impunidad política nos activaba en la sorpresa y la molestia, ante lo cual, la solución inmediata era reír y ser sarcástico; enfrentar nuestra fatalidad con humor y contar un chiste. Cuando Felipe Calderón llegó a la presidencia e inició la así llamada Guerra contra el narco nuestra capacidad de reír se vio sensiblemente disminuida. A pesar de que Posadas nos enseñó a reír y a burlarnos de la muerte, la realidad del México-narco ha transformado nuestra visión de la muerte acoplándola más al dolor y al pánico que a la burla.

La nueva realidad interpretativa de este México-narco ha generado en nuestra cualidad de redención política, una minimización de la risa como instrumento de lucha y capacidad de resistencia. Nadie puede reír por las estrategias fallidas para combatir la violencia. Las dosis de indignación ya son tantas y tan dolorosas, que hoy es imposible hacer chistes y ser sarcásticos con respecto a nuestra propia fatalidad política. Si la risa y el chiste están imbricados (como dice Berger) de un sueño que anhelamos llevar a la realidad en la vida cotidiana, en este hoy del México en guerra, no hay sueño posible que nos permita reír para construir una realidad y una experiencia cotidiana diferente. Hemos aterrizado en un espacio obligado de lucha en donde la risa ha dejado de ser colectiva (a través de un chiste, por ejemplo) y se vuelve individual. Hemos dejado de reír sobre los “problemas serios” porque el ecosistema de violencia y muerte en el que convivimos todos los días, nos ha obligado a callar y a tener miedo, angustia y dolor; y nadie, puede reír cuando teme, cuando se llora tanto, cuando se suple la risa por el silencio.

La nueva composición estética del dolor y de la violencia desdibuja nuestras sonrisas. Lo subversivo de un chiste político se suple por una frase de indignación y hartazgo. Estar “hasta la madre” de las dimensiones simbólicas y reales de la violencia en la que vivimos ha dejado de ser jocoso y hoy, solo es una sensación de dolor permanente. Hemos perdido nuestros interludios de risa y animosidad. Lo cotidiano ha dejado de estar enlazado con lo mundano y hoy, todo lo que vivimos en este país ha dejado de ser tan musical como la risa. En las narcofosas y las calles ensangrentadas descansa en paz nuestra tranquilidad y también nuestra risa. En este país, las instituciones nos han ofrecido ya demasiadas razones para indignarnos, muy pocas razones para reír. Nuestras autoridades, deberían de estar preocupadas por este hecho, sobre todo porque si una sociedad no ríe, la paciencia disminuye y el enojo se vuelve potente.

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