Del día del niño

30 abril 2011

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¿Cuando fué que perdimos nuestra inocencia y nos volvimos unos amargados adultos? ¿Cuando dejamos de ver la vida como un juego y la empezamos a tomar tan en serio que dejamos de disfrutarla? ¿Cuando fué que dejamos de disfrutar los días y nos empezamos a fijar más en el pasado y en el futuro?. Esas son algunas de las preguntas que nos tendríamos que hacer los adultos de hoy. En mis pasadas vacaciones lo viví al ver a mi sobrino de 4 años disfrutar su estancia en la playa sin ninguna preocupación por lo que fuera a pasar, sin ningún trauma, sin ningún nada; era un niño con una mente totalmente sana, sin ninguna atadura o condicionamiento que produjera en el niveles de ansiedad o depresión como lo llega a causar en los adultos.

Muchos me dirán que los niños no son libres, y no lo son, precisamente porque necesitan de nosotros los adultos para sobrevivir, pero me pongo a pensar ¿acaso nosotros los adultos si lo somos, cuando estamos expuestos a ataduras y a condicionamientos sociales que nos dicen que debemos de hacer y como debemos de hacerlo, ataduras que determinan nuestra posición socioeconómica y condicionan nuestro valor a ellas?, yo creo que ellos son más libres que nosotros, porque a pesar de todas sus limitaciones y su necesidad de mantenimiento, pueden gozar el día a día sin límites, sin prejuicios, sin condicionamientos más los que los que los adultos le imponen.

Y precisamente ahi es donde muchas veces los adultos se equivocan, porque nosotros a veces queremos imponerles nuestra cruda y amarga realidad a ellos, queremos que sufran lo que nosotros hemos sufrido porque tienen que “prepararse para la vida del adulto”, pero yo creo que estamos equivocados. Deberíamos dejarlos vivir su etapa, y creo que de esta forma podrían llegar más saneados a la etapa de la adultez, con menos limitaciones, rencores, angustias, amarguras.

Es curioso, el niño siempre juega a ser adulto y aparenta ser como él. Muchos de los juguetes que tienen son simulaciones de las herramientas que nosotros utilizamos como adultos. Pero lo que muchas veces no saben es que esas herramientas los adultos en realidad las utilizamos como una carga, déjenme explicarles: Al niño le gusta jugar a que es un empleado, tiene su computadora de juguete, su calculadora, su pluma y su cuaderno. Pero al adulto tomar ese papel le causa una carga tan es así que la quisiera dejar y preferiría volver a ser niño. Preferiría volver a vivir su infancia, donde no tenía compromisos con nadie, donde no le debía nada a nadie, donde todavía no se daba cuenta de lo cruel que era el mundo, donde todavía no se daba cuenta que el mundo es una selva donde solo sobrevive el más fuerte.

Por eso ser niño es algo especial, para muchos es la mejor época de sus vidas y lo recuerdan como lo mejor que les pudo haber pasado. En las conversaciones en la mesa, todo mundo siempre recuerda aquellos momentos de la infancia, aquellas bromas, aquellos juegos, aquellas burlas inocentes, aquellos sueños, aquellos anhelos que con el paso del tiempo se han difuminado porque así lo hemos querido los adultos. Ahora solo nos preocupa el futuro, lo que hemos hecho en el pasado, el que dirán, nuestra posición social, nuestros logros, y si no cumplimos con nuestras exageradas expectativas, corremos el riesgo de sumirnos en el desaliento o ya sea en una depresión continua por estarnos achacando el no haber cumplido nuestras metas. Pero somos incapaces de vivir el día a día, no lo disfrutamos ya. ¿Que ha pasado con el niño interior que teníamos dentro?. Muchos creen que lo han perdido, pero ahí sigue latiendo reprimido muy en el fondo de ellos.

 

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