El niño sicario.

7 diciembre 2010

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Hace unos días unos amigos míos me estaban comentando que sus vecinos, unos niños, estaban jugando a ser narcotraficantes. Parecerá una broma pero para muchos el ser narcotraficante es algo bien visto, es cuestión de orgullo. Muchas personas que crecen en familias disfuncionales creen que ser narcotraficante es algo heróico, porque arriesgan su vida y reciben no solo una jugosa recompensa monetaria por hacerlo, sino que su fama en la comunidad se acrecenta conforme van subiendo en la pirámide jerárquica del narcotráfico. En muchos casos toda la comunidad les aplaude lo hecho, porque a veces los mismos narcotraficantes se ganan a la gente por medio de dádivas, aportaciones y recompensas, y estos los terminan idolatrando, y a veces hasta creando sus propios santitos.

La cultura del narcotráfico ha corrompido de una manera impresionante a la sociedad mexicana. Muchos jóvenes, los cuales tienen pocas oportunidades de empleo bien remunerado y hasta a veces, de educación, son los primeros que caen ante las redes del narco. No importa si su esperanza de vida se reduzca a unos 5 años de vida. El narcotráfico les ofrece lo que el empleo formal no puede, tanto económicamente como en reconocimiento social.

Pero aquí lo que me impresiona es la forma en que estos cárteles son capaces de corromper a la gente. Al grado de que, si, un integrante del Cartel del Pacífico, es un niño de 14 años llamado “Edgar Jiménez Lugo” alias el Ponchis, un pequeño sicario que ha matado a más de 300 personas en su corta carrera delictiva de 3 años. El engrosó a las filas del narcotráfico a los 11 años y fué contratado para que el Cartel del Pacífico dominara la plaza de Morelos.

El tal Ponchis se encargaba de decapitar o mutilar a las víctimas de la organización. Y no solo eso, sus hermanas se encargaban de trasladar los restos de las víctimas y tirarlas en la vía pública donde nadie los viera. Afortunadamente este sicario fué detenido junto con sus hermanas cuando trataban de tomar un avión rumbo a Tijuana donde después se dirigirían a Estados Unidos para reunirse con su familia.

Y ahora bueno, ¿acá entre nos?, que tiene esa gente en la cabeza, no entiendo como una persona de una edad tan inocente se puede convertir en un asesino serial tan rápidamente. Es prácticamente un niño. A esa edad un niño normal tiene sus primeras eyaculaciones y lo peor que puede hacer es rebelarse contra los padres, o sacar malas notas en el colegio. Pero me impresiona sobremanera como este niño, este jovencito es capaz de matar a 300 personas en tres años. Haciendo un cálculo rápido, sería una muerte cada 3 días. No entiendo.

Seguramente habrá más gente como El Ponchis pululando por las calles de nuestro querido país, esperando ver quien es la siguiente víctima de sus atropellos. El siguiente podrías ser tú.

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