¿La gente es buena por naturaleza?

6 agosto 2010

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Hace un rato veía un artículo sobre AMLO donde este decía que en México se debía de crear una nueva moral, y daba por hecho que la gente era buena. Según Guillermo Sheridan, el autor de esta columna, comparaba a López Obrador con Rousseau (el famoso autor del contrato social)  y su romanticismo social y con Tolstoi, sugiriendo que AMLO está influenciado por este último personaje en su invitación a cambiar ese egoísmo donde todo mundo pelea por el dinero por una moral donde todo el mundo fuera bueno y feliz. Según el ex-candidato, solo basta que la gente sea buena para que esa nueva moral que el propone se logre. Pero aquí viene la pregunta. ¿De verdad la gente es buena por naturaleza?.

Para hacernos esta pregunta debemos comparar al ser humano con los animales (como me encanta hacer siempre estas comparaciones). Es cierto que el ser humano es diferente de las demás especies porque tiene la capacidad de raciocinio e inteligencia, pero no deja de ser a fin de cuenta un mamífero que busca satisfacer sus necesidades tanto primarias como secundarias. Entonces aquí lanzo la pregunta ¿el animal es bueno por naturaleza?. No podemos determinar si es bueno o malo, solo sabemos que los animales buscan satisfacer sus necesidades, habrán algunos que a nuestros ojos sean más nobles y otros que sean más agresivos, pero el instinto es el que determina el comportamiento del animal. Ellos no hacen una diferenciación entre lo que es bueno y lo que es malo, no lo saben. Y si no nosotros se los hemos enseñado (mascotas como los perros) no es porque hayan aprendido a hacer esa diferenciación, sino porque hemos moldeado su instinto porque hemos condicionado su conducta por medio de reforzamientos positivos y negativos (premio o castigo).

Con el humano la situación es parecida, me atrevo a aseverar que el humano no es bueno ni malo por naturaleza, basta ver la conducta de un bebé ante su entorno para comprobarlo. Más bien los conceptos de bondad y maldad lo hemos creado nosotros como si fuera una especie de contrato para que podamos satisfacer las necesidades respetando el derecho ajeno, así como nosotros exigimos que respeten el nuestro. Nuestra capacidad de raciocinio nos ha posibilitado construír un orden moral basado en la dicotomía de lo que está bien y lo que está mal. Se dice que un acto es bueno cuando es benéfico para uno y para los demás, se dice que es malo cuando es perjudicial para lo demás o también para uno mismo.

Sabemos que los conceptos de bondad y maldad no son inherentes al ser humano, puesto que son aprendidos. A un menor se le enseña lo que está bien y lo que está mal, no lo aprende por sí solo. Se moldea la conducta del infante para que haga aprenda a ser el bien y respetar a sus semejantes. Igual como sucede con el condicionamiento conductual con los animales, nada más que diferencia de ellos, el ser humano si tiene la capacidad de asimilar que es “lo bueno” y que es “lo malo” y termina actuado de una forma, no solo porque ha recibido un reforzamiento positivo y negativo, sino porque ha asimilado y ha comprendido lo que está bien y lo que está mal.

El ser humano aprende una escala de valores morales y éticos que son enseñados por la familia, por la religión o por el entorno social. Y se espera que su conducta esté basada en esa escala de valores morales. Hasta aquí podríamos suponer una cosa, que si bien el ser humano no es bueno o malo por naturaleza, tenemos la capacidad de hacer que el ser humano sea bueno. Pero aquí creo que valdría la pena detenernos y pensar si esto siempre es posible. Lamentablemente la historia nos dice que no.

Muchos tienen diferencias entre sí para determinar que es lo bueno y que es lo malo. Para unos ser millonario es algo bueno porque habla del esfuerzo, es una virtud; para otros es algo malo porque es injusto que el posea muchos bienes mientras otros se mueren de hambre. Para unos, el matrimonio homosexual es bueno porque respeta las libertades del hombre, para otros es malo porque contradice la naturaleza humana. Es decir, cada ideología profesa su versión de lo que es la bondad y la maldad, y no solo eso, sino que a traves del tiempo las ideologías pueden mutar (un claro ejemplo lo vemos en la Iglesia que antes veía con buenos ojos las prácticas inquisitorias y ahora las condenaría). Entonces nos damos cuenta de que hay una discrepancia entre lo que es bueno y lo que es malo.

Ya no podemos determinar si el hombre es bueno o malo porque entre los seres humanos, habrán diferencias entre esos conceptos. –Lo que es bueno para mí será malo para tí. Pero no solo eso.  ¿Que pasa cuando los valores morales limitan la satisfacción de las necesidades de los seres humanos?. Recordemos, la satisfacción de las necesidades es inherente al humano porque de estos depende su supervivencia y su razón por la que vive, pero los valores morales no son inherentes porque son aprendidos. Cuando sucede esto se corre el riesgo de que el ser humano sacrifique o haga a un lado los valores morales en aras de la satisfacción de las necesidades, o bien interprete erroneamente los valores morales para adaptarlo a sus necesidades (un ejemplo de esto, fué cuando Hitler malinterpretó la teoría evolutiva de Darwin para justificar el holocausto).

En este caso, el humano puede mutar o tergiversar su escala de valores morales, para pensar que lo que está haciendo está bien. O bien, se puede dar el lujo de inventarse una escala de valores para justificar lo que a los ojos de otros está mal: -Yo exploto a mis empleados porque mi posición me lo permite y porque gracias a mi esfuerzo he logrado llegar más arriba que ellos, -no importa, al cabo negocios son negocios, -tengo derecho de robarle al rico porque yo soy pobre y el tiene de más con que comer.

La gente será buena para las demás personas cuando su modus vivendi se adapte a la escala de valores de bondad de las demás personas y viceversa, la gente será mala para las demás personas cuando su modus vivendi sea opuesta a la escala de valores de bondad de las demás personas. La bondad de una persona puede pasar como eso, como bondad para una persona humanista, pero puede ser percibida como debilidad (un acto malo) para una persona nihilista. Existen valores morales que suelen ser casi universales, como el respeto a la vida por ejemplo, pero hay otros valores que son más ambiguos porque depende de la interpretación que le dé cada corriente de pensamiento (por un ejemplo el aborto, o la práctica de relaciones sexuales extramatrimoniales).

Aquí es donde yo veo la utilidad de las religiones (y lo digo a pesar de que yo no soy muy religioso) porque le da al ser humano una base sólida de valores morales, porque al ser absolutos son más difíciles de tergiversar o corromper (aunque muchos a fin de cuentas terminan lográndolo). Por esa razón a pesar de no ser muy religioso he mostrado tolerancia hacia las religiones (no todas claro, ni las que llegan a ser extremistas) porque además de satisfacer las necesidades trascendentales del hombre, le proporciona una escala de valores morales a seguir (aunque yo no esté al 100% de acuerdo con ellas).

En resumen yo no creo que el hombre sea ni bueno ni malo, sino todo lo contrario.

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