¿Por qué el comunismo es una porquería?.

23 julio 2010

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“Todos los animales son iguales, pero algunos son más iguales que otros”.

En pleno siglo XXI hay quienes todavía viven de sueños guajiros imposibles de realizarse. Hay quienes todavía portan las banderas rojas con el martillo y la hoz en amarillo y siguen cantando la Internacional, creyendo que el comunismo es la solución a todas las injusticias que ocurren en una nación o en el mundo. Y no solo eso, hay quienes a pesar de su rotundo fracaso, lo siguen poniendo en práctica (Cuba, Corea del Norte) o coquetean con él (Venezuela, Bolivia).

Yo se que en el mundo hay muchas injusticias, que hay pobres que no saben si el siguiente día van a comer mientras hay ricos que viven con lujos ostentosos y que se debería hacer algo para disminuír esa brecha. Pero creo que el comunismo más que ser un sistema justo, creo que es el más injusto que pudiera haber en el mundo, porque más que impartir justicia, creo que se premia a la mediocridad y al mínimo esfuerzo. Vamos a ver el siguiente ejemplo:

José del Rojillo Izquierdo y sus compañeros discutían en la universidad con su profesor de economía sobre cual era el mejor sistema económico para solucionar la enorme desigualdad que existía en el mundo. Los alumnos no estaban de acuerdo con su maestro que les hablaba de las bondades de economistas como Keynes o Milton Friedman, y aseveraban que la mejor manera de acabar con la desigualdad era el comunismo. Del Rojillo sugería que se estudiara más a fondo a Marx y su libro “El Capital” para entender porque existía tantos problemas y tanta injusticia en el mundo.

El profesor sugirió una cosa. -No vamos a estudiar a Marx, para entender el comunismo que ustedes tanto presumen, vamos a aplicarlo en el salón de clases. A partir de ahora, en lugar de que ustedes tengan calificaciones individuales, todos tendrán una calificación en común, es decir, se promediarán las calificaciones que todos ustedes obtengan y la calificación será la misma para todos.

Como muchos de los estudiantes no tenían muy buenas calificaciones en la clase de economía, la medida fué aprobada por la mayoría del salón. Solamente los más estudiosos se opusieron a la medida, porque sentían que la mayoría del salón se iba a colgar de su esfuerzo para ingeniárselas y pasar de año gracias a ellos.

En el primer mes, los aplicados se esforzaron para tratar de obtener una mejor calificación grupal, mientras que los demás ni siquiera estudiaron sabiendo que el esfuerzo de los aplicados iba a subir la calificación grupal lo suficiente como para pasar de año. Antes de la medida, el promedio grupal era de 80. Ahora ya con el “comunismo escolar” el promedio había bajado a 70. La mayoría de los alumnos mediocres estaban felices por la calificación, habían pasado la materia. Pero empezó a haber mucha indignación entre los alumnos aplicados, habían sacado la peor nota en toda su boleta de calificaciones.

¿Que pasó?. Los alumnos aplicados, al ver que su esfuerzo no se veía reflejado en su calificación, decidieron que ya no tenían porqué esforzarse tanto. Al cabo, estudiaran para 10 o no, iban a obtener la mediocre calificación grupal. ¿Qué fué lo que ocurrió?. Para el siguiente mes de “comunismo escolar”, el promedio bajó a 60. Ahora no solo los alumnos aplicados estaban indignados por la pésima calificación que habían obtenido, sino que ahora los “burros” estaban preocupados porque “por culpa de los aplicados” estuvieron a punto de reprobar. Tanto los aplicados como los flojos empezaron a criticarse y a amenazarse entre sí, cada bando se hechaba la culpa uno al otro por la calificación obtenida y amenazaban con hacer una revolución.

Ya con los ánimos y la motivación hasta abajo, llegó el siguiente examen. ¿Que pasó?. El promedio grupal fué de 5.0. Todos habían reprobado. La indignación creció más, todos buscaron culpables, que si los alumnos habían tenido la culpa, que si el profesor era el culpable de todos los males que aquejaban a los alumnos. Había que encontrar un chivo expiatorio. Pero no lo había. Y mientras todos se peleaban entre sí. El profesor les dijo: -El experimento ha acabado, les haré un nuevo examen y volverán a obtener la calificación que le corresponde a cada quien. -Por supuesto, tanto los aplicados como los flojos estaban felices, porque sabrían que tendrían una oportunidad para pasar en base al esfuerzo de cada quien, ¿que pasó en ese examen?. Después de el fallido experimento, todos valoraron la importancia del esfuerzo individual y todos pasaron, no todos obtuvieron las mismas notas, algunos sacaron 10 y otros obtuvieron 6 y 7, pero todos habían pasado el examen.

Después de tener al salón lleno de júbilo, el profesor les dijo a sus alumnos: -Como ven, no habrá necesidad de estudiar a Carlos Marx ni “El Capital”. Ustedes ya han aprendido en carne propia lo que es el comunismo, y sobre todo lo que ocurre cuando se trata de implementar un sistema tan “justo” en la sociedad. Ya se dieron cuenta de que un sistema como ese acaba con el nivel de productividad de un país, y el nivel de vida empeora para todos, aunque sea igual para todos.

Y lo peor de todo es que en el comunismo no es cierto que todos son iguales. En todos los países donde se ha aplicado, los que están en el poder, gozan de un nivel de vida mucho mayor al que tiene el pueblo. Lo vimos con Stalin, Mao, lo estamos viendo con Fidel Castro. Todos elllos se trasladan en automóviles de lujo, mientras la población no tiene ni siquiera el permiso de comprar uno. Ellos salen del país a gozar de su fortuna en países capitalistas, mientras que el pueblo no tiene el permiso de salir de él. El comunismo es uno de los sistemas totalitarios más espantosos que han existido en la tierra. Sobre todo porque no entiende las necesidades del ser humano y suprime cualquier capacidad de inventiva e iniciativa que este pueda tener.

Lamentablemente en el mundo siempre habrá desigualdad. Es parte de la naturaleza del ser humano. Y yo estoy de acuerdo en que se busquen mecanismos para que la brecha de desigualdad no sea tan grande y todas las clases sociales tengan un nivel digno de vida. Pero de ahí a reprimir los instintos naturales del individuo en aras de la igualdad, creo que hay una gran diferencia.

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