Svetlana

4 julio 2010

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Hola Svetlana.

Recuerdo el día en que te conocí. Eras una persona hermosa, algo tímida, retraída, inteligente. Cuando te ví por primera vez, me di cuenta que tu eras una persona excepcional. Lo decían tus palabras, lo decían tus poemas, lo decían tus pinturas, sobre todo esa obra de arte azul que se postraba sobre tu recámara. Tú no eras como las demás personas, eras diferente, y eso era algo que me atraía sobremanera. Creía que podías hacer algo por el mundo, y yo tenía confianza en que tu podías cambiarlo. Parecía ser que eras una de esas personas destinadas a hacer algo por la sociedad, por la naturaleza, por el mundo. Tenías un talento innato del cual muchas personas carecían, un talento que tal vez no era muy valorado porque los demás no sabían de que se trataba, porque no lo podían vivir en carne propia.

Yo recuerdo que a veces tendías a ser solitaria, que no te encontrabas con el mundo. Antes, cuando sentías que las demás personas no te entendían, platicabas con los arboles, con los arbustos, con los pájaros, buscando alguien que te comprendiera y que aceptara tu forma de ser; era nada más cuestión de paciencia y sabiduría para que encontraras a personas, que como tú, estuvieran dispuestas a cambiar el mundo; a personas que pensaran diferente; a personas que tuvieran los talentos innatos como el que tu poseés. Pero en algún momento de tu vida, quisiste encontrar las respuestas de tu desolación en el mundo de los seres comunes y corrientes.

Te asomaste y te encontraste con las masas. Te empezaste a rodear de personas que buscaban fama y poder. De personas que fornicaban sin sentir nada más que un mediocre orgasmo, que iba disminuyendo amante tras amante. De personas que buscaban sentirse importantes, que buscaban sentir placer, sin ningún rumbo, sin ninguna visión. Ellos son los que no querían cambiarlo todo como tu querías, ellos son los que se conformaban con las cosas como estaban, sin preguntarse los por qués de la vida, no se preguntaban si las gotas de agua provenían de las nubes o si el oxígeno les ofrecía la vida a los seres vivos. Ellos simplemente buscaban disfrutar, hacerse de un nombre, ser reconocidos sin importar si su vida se está pudriendo por dentro.

Y hubo un momento Svetlana, en que sucumbiste ante los placeres de la mediocridad del mundo común y corriente. ¿Pero como una persona excepcional como tú podía encajar en ese mundo masificado, estandarizado, insípido y estereotipado de las mayorías?. Decidiste convertirte en una persona común y corriente. Extirpaste toda tu excepcionalidad de tu hermoso cuerpo y la tiraste a la hoguera para que nadie la pudiera ver, te avergonzaste de tus virtudes y exhaltaste tus defectos. Antes anhelabas hacer el amor con él, deseabas una noche de ternura y pasión. Pero en lugar de eso solo obtuviste una simple fricción genital insípida que sabía a lo mismo con todas las personas, porque todas eran iguales, todas eran parte de la masa.

Cortaste las alas con las que podías volar para que nadie las viera, quemaste tu colorido plumaje para que no fueras a sobresalir en la multitud. Porque el que sobresale dentro las masas, lo tiene que hacer sin dejar de ser un ente mediocre, pero el que logra sobresalir fuera de ellas, tiene que ser diferente a ellas, tiene que portar diferente plumaje al que todo el mundo quiere portar. Todo aquello que era valioso en tí, lo vendiste al mejor postor. Tu hermoso cuadro azul lo vendiste como material chatarra por un puñado de frijoles rancios, tus hermosos poemas los usaste para sonarte mientras llorabas porque sentías que a pesar de todos los esfuerzos que habías hecho, sentías que no terminabas de encajar en la sociedad.

¿Ahora quien eres Svetlana?. Ni tu misma lo sabes. Ahora te averguenzas de tu ser, de quien eras antes; pero en el fondo también te averguenzas de quien te has convertido. Haz decidido pasar de ser un solitario diamante, a uno de tantos trozos de carbon inerte quemados que pululan por cualquier lugar de un bosque que antes floreció y que terminó sucumbiendo en llamas. Ahora eres todos pero no eres nadie Svetlana. Elegiste el camino fácil, pero en realidad te perdiste, no conoces ni siquiera la textura del suelo que estás pisando.

Yo por eso te dejo Svetlana. Ayer fuiste una persona excepcional, ahora eres cualquier cosa excepto tú.

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