Un simple tiro de gracia

20 noviembre 2009

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Es tan simple, como agarrar una pistola apuntando a la cabeza y jalar el gatillo. Es tan simple, como agarrar una soga, hacer un nudo y colgarse de ella. Tan simple como tomar veneno y vertirlo en un vaso, no sin antes con un potente somnífero para que no se sienta nada. Es tan simple, solo se requiere de una acción, y una pequeña inversión monetaria para acabar con esa vida de desgracia.

Para creer que se es lo suficientemente desgraciado como para acabar con la vida, no se necesita ser pobre, ni vivir como prisionero ni nada de eso, ni es necesario tener problemas psiquiátricos que alejen de la realidad al individuo. No señores, solamente se necesita ser lo suficientemente cobarde como para no tolerar alguna pérdida en la vida. Y muchas veces ni siquiera es la pérdida de la esposa amada, o aquel amor imposible. Puede ser la creencia de que se ha perdido la dignidad, una pérdida económica, de status, una pérdida que puede ser revertida con esfuerzo y lucha diaria.

No entiendo porque un hombre que ha logrado ser rector de la U de G como Carlos Briseño Torres, que si, fué víctima de grilla política, pero que tenía todo como dinero, y una familia que lo quería, decide terminar con su vida. Y entiendo que a veces los seres humanos sentimos unas crisis de angustia y sentimos que podemos perderlo todo, pero he ahí la diferencia entre los que son valientes y los que no lo son. Entre los que tienen la capacidad de ver una luz dentro de la oscuridad y de quienes no pueden, o se niegan a verla.

Porque a veces parece la solución más simple. La religión católica que es mayoritaria en México, dice que si uno se suicida, se va al infierno. Pero el suicida está tan desesperado que ya creé vivir en el, y tiene más fé en que la doctrina esté equivocada que en que el pueda arreglar las cosas. Si es ateo o agnóstico no hay tanto problema, suicidarse es como lanzar unos dados y esperar que suerte le toca, si reencarna, si va a otro mundo o quien sabe que pase.

Pero yo lo digo y lo he dicho siempre. Suicidarse es el camino fácil que lleva a ninguna parte. El camino difícil es superar la pérdida o el fracaso, pero es el más redituable.

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