Si ambicionas poco, nadie te estorbará.

17 noviembre 2009

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Hoy estaba viendo Los Simpsons, en un episodio donde Marge Simpson adquiere una franquicia de pretzels. ¿Que tiene de especial eso?. Bueno, hubo una frase que dijo, y se me quedó grabado, porque ¿cuantas veces en el inconsciente nos recordamos esa frase, a pesar de que tal vez no la hayamos escuchado nunca?.

Marge Simpson en ese episodio, muestra una aversión al riesgo y a mordedientes se había decidido a invertir en la franquicia, solo después de que las ex-socias la habían corrido por su temerosidad. Al iniciar la franquicia, se empieza a dar cuenta que no es fácil y que la competencia (encarnada en sus ex-amigas) es dura. Entonces menciona esa frase mágica:

Si ambicionas poco, nadie te estorbará.

Puta madre, cuantas veces no nos hemos repetido esa frase. Y en realidad es una frase certera y llena de lógica. Porque como sabemos, y lo he repetido varias veces en este blog. El que no arriesga es un perdedor, ¿y quien en esta maldita vida quiere ser un perdedor?, pues nadie. Entonces al perdedor nadie lo envidia y nadie lo estorba. Solo lo patean para burlarse de él, y no para quitarlo del camino.

En cambio el triunfador tiene la incómoda tarea de sacudirse a la bola de envidiosos que van tras él. Y ya no digamos en México, donde es parte de nuestra idiosincrasia bajar al que va pa’rriba para quedarnos todos en el agujero. Pero al perdedor le da miedo enfrentarse a los envidiosos (perdedores de closet) y mejor queda en un bajo perfil, aspira a poquito, para que nadie vea lo que hace.

Y he aquí la “triunfobia”, un padecimiento común en el ser humano. ¿Cuantas personas se atreven a decir, -yo quisiera ser un empresario exitoso o tener mi banda de rock?. Seguramente el triunfóbico no lo dice porque creé que se van a reír de él (y a veces así sucede). Entonces por eso cuando uno le pregunta a sus amigos que es lo que quiere ser de grande, salen con que -yo con que tenga a mi pareja, y le pueda dar una vida decente al único hijo que deseo tener, me doy.

Y es cierto, en la vida es muy difícil ser triunfador. Se requiere de mucho esfuerzo, saber moverte, y tambien un poco de suerte. Pero el error está en que muchos ya lo descartan y dan por hecho que no van a triunfar. Y le agregamos que no quieren conocer a nadie que les quiera meter la pierna por detrás, entonces ya se condenan a un mundo de mediocridad.

Por eso, tu, amigo perdedor, recuerda: Si ambicionas poco, nadie te estorbará.

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