Cuando se trata de trata

27 octubre 2009

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Lamentablemente he conocido dos casos de personas víctimas de la trata de personas. El primero fué un niño, el cual fué robado en un tianguis en Guadalajara y fué llevado a Morelia para que trabajara pidiendo dinero en las calles. Afortunadamente alguien reconoció al niño en esa ciudad y fué rescatado. Pero el trauma quedó ahí, el niño no se atrevía a salir de casa, no hablaba, no quería contar sobre lo que había ocurrido. Una inocente mente era ultrajada por esta bola de imbéciles.

El segundo caso es de una joven que fué secuestrada en la Arena VFG en Guadalajara, la llevaron a sinaloa donde junto con otras mujeres, tenía que trabajar vilmente como sirvienta. La joven relataba como algunas de ellas eran maltratadas, y como abusaban para que esta bola de idiotas obtuvieran dinero y se enriquecieran.

Seguramente ustedes han escuchado hablar de más casos, y la verdad, a mí no me cabe en la cabeza saber porqué hay gente así. Gente tan enferma de la cabeza que no tiene sentimientos ni escrúpulos, y que no les importa dañar de esa forma a otras personas indefensas para poder obtener dinero.

Y es que la trata es uno de los delitos más rentables. Solo es superado por el tráfico de drogas y armas y produce ganancias anuales a nivel mundial de 9 mil 500 millones de dólares. Y no solo eso. 800 mil seres humanos son víctimas anualmente en el mundo de este tipo de crímenes, y en el 98% de los casos, según la ONU, se trata de mujeres y niñas.

No comprendo, la verdad, y lo reitero. Como hay gente subhumana sin ningún sentimiento, que es capaz de traficar con otras personas como si objetos fueran con el fin de obtener dinero. Los traumas que ocasionan a las víctimas son muy fuertes, y en muchos casos quedan marcadas de por vida, pero esto, a los delincuentes no les importa.

La víctima puede ser el niño de la calle que te pide dinero en un alto, puede ser aquella prostituta que se para afuera de la zona roja de una ciudad. No sabemos quienes son, porque no las logramos identificar de su universo. Pero así es, y lamentablemente el fenómeno en México se está haciendo cada vez más fuerte. Y no es un mito, ni es un spot comercial de la CNDH, es una realidad, de la cual los humanos más vulnerables se deben de cuidar si no quieren quedar marcados de por vida.

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