El amor propio

19 septiembre 2009

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¿Que pasa cada vez que te ves frente al espejo?, ¿te sientes orgulloso de lo que hay en frente?, o más bien dices, ¿quien es ese pendejo que está frente a mí?. En este mundo hay fuertes y débiles, los fuertes son los que salen adelante y dejan huella, y los débiles son los que sucumben y pasan desapercibidos por la vida, hechando culpas por la desgracia propia que según ellos están sufriendo.

El amor propio es una característica de las personas fuertes. Los débiles creen que esas personas son perfectas, y por eso reniegan ante las imperfecciones de la vida. Pero lo que no se dan cuenta es que el fuerte también tiene imperfecciones, pero estos últimos las han sabido aceptar y asimilar. ¿Por qué hay hombres gorditos o feos que salen con un bombón de mujer?, ¿por qué hay gente sin maestría detrás de un escritorio en una empresa importante?. Porque a diferencia de los demás, ellos saben lo que es el amor propio, y han salido adelante.

Los débiles, en cambio, creen fielmente en la suerte. Creen que han tenido mala suerte para no sentirse responsables de sus fracasos en su vida. Creen que ellos son los únicos que fracasan. Nada mas que sus opuestos, los fuertes, han fracasado más veces, porque lo intentan más, y de los fracasos aprenden. Y el débil ante el fracaso se repliega y se dice -si fracasé una vez, ya no lo debería intentar, ¿para qué tropezar con la misma piedra?. Y yo al débil le digo. -Señor débil, no sea pendejo usted, la piedra será siempre la misma, pero la forma de abordarla puede cambiarla; pero si usted utiliza el mismo método una y otra vez quedará donde mismo, y lo que es peor, si ya no hace nada, será como ir un paso atrás.

El débil siempre se disfraza de bueno. Aparentar bondad siempre es fácil, aparentar compasión también lo es. Pero curiosamente esa actitud ya de por sí es un fracaso. Y es paradójico que lo hagan los que “tienen miedo de fracasar”. Y luego se preguntan por qué sale todo mal. Y otra vez, vamos a llamar a juicio a “La Mala Suerte”, a “Dios”, a “La Otra Persona”, a ver quien de ellos ha sido el culpable de la desgracia. El problema es que aún entambados en la carcel de la conciencia del débil, el seguirá siempre siendo eso, débil. Porque no confía en el, porque no tiene amor propio. Porque a a cada rato se repite: Soy un pendejo, soy un pendejo, soy un pendejo.

Y el cree que nadie lo escucha, pero cuando lo ven pasar, los demás se dicen:  -¿quien será ese pendejo que va caminando por ahí?, no se, ha de ser un pendejo. Y los que más se fijan en eso son los otros débiles, los fuertes ignoran al “pendejo”, pero los débiles se fijan en ver cuantos pendejos hay para no sentirse solos, o buscan otros más pendejos para sentir que no lo son tanto: Malditos conformistas.

El amor propio es clave en la vida. La bondad, como he mencionado alguna vez, es un principio moral, no es una estrategia, y quien la útiliza con este último fin, es un débil, y sí, es un pendejo.

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