Sentado en una piedra

3 mayo 2009

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Sentado en una cómoda piedra, acostumbrado a ver todo lo que pasa en frente de mí. Veo mucho movimiento, formado por distintas acciones con un fin en específico. El viento que acaricia las hojas de los árboles, los animales que buscan su comida, las personas que se trasladan de un punto en otro con un algún propósito; todo forma un equilibrio, pero a la vez todo se mueve de un lado a otro, y todo tiene un por qué. Pero yo sigo sentado en una piedra.

Sentado en una cómoda piedra, decido reflexionar: Si las personas se mueven, si el viento sopla los árboles, y si los animales buscan comida cazan para sobrevivir, ¿entonces cual es mi función?, ¿estar sentado en una piedra?, ¿tiene algún sentido? Las personas necesitan alimento de los animales para estar sanos y tener energía para poder moverse, ellos y los animales, necesitan del viento para poder respirar. Todo forma un equilibrio. ¿Para qué diablos va a servir un hombre sentado en una piedra?

Sentado en una piedra que cada vez es menos cómoda. Esa tranquilidad empieza a convertirse en agobio, desearía ser como el viento, o como los animales, o como aquellas personas. Pero a un hombre sentado en una piedra nadie lo conoce, porque simplemente no es útil para nadie. Yo conozco al viento, pero el viento no me conoce. Yo lo siento en cada momento, pero él no sabe que yo estoy ahí, sentado en una piedra.

Sigo sentado en la piedra, me quiero levantar y ser parte del movimiento. Quiero que el viento me conozca, que los animales sepan quién soy yo. Tú eres parte de todo esto, pero yo sigo sentado en la piedra, y para llegar a ti tengo que dejarla. Pero si la dejo ya no tendré donde sentarme, porque el viento, las personas y los animales están moviéndose constantemente. Pero ¡maldición!, si esa comodidad se ha convertido en un estorbo, la textura de la piedra ya me provocó ampollas, mi cuerpo está tenso por el largo tiempo en que he estado sentado en esa maldita piedra.

Sigo sentado en esa piedra, pero ya, voy a pararme y ya nunca voy a volver a sentarme ahí. Me levanto, empiezo a caminar y conforme pasa el tiempo, empiezo a sentir el cansancio, volteo atrás y la veo, ahí está la piedra que me llama, y que me dice que con ella nunca me volveré a cansar, ni nunca me volveré a caer. Pero la ignoro, porque quiero llegar hacia ti. Quiero ser parte de todo esto, tú me puedes dar la tranquilidad que me da esa piedra, tú me puedes dar paz, y armonía, pero tú te mueves. No, no quiero regresar a esa maldita piedra.

Ya ha pasado tiempo desde que dejé la piedra, ahí está, la veo, pero la ignoro por más que me llama. La sigo extrañando en esos días cansados, o cuando al tratar de saltar me derrumbo, pero ahora ya soy parte de esto. Por fin el viento ya me conoce, los animales saben quién soy, y ahora soy parte de aquellas personas. Ahora solo falta que tú me conozcas, pero tal vez tendré que caerme más veces, quedar exhausto, y caer en la tentación de regresar a la piedra.

La piedra parece cada vez más lejana. El viento, los animales y las personas son cada vez parte de mí, ahora somos un todo. El viento me dice el camino para llegar a ti, los animales me dan alimento, y las personas me dan apoyo; porque ellos llevan más tiempo en este mundo que yo, y ya saben que en varias ocasiones me voy a caer. La piedra está cada vez mas lejos de mí, y tu estas cada vez más cerca, y por fin, a lo lejos ves a una pequeña persona caminando hacia ti, ese soy yo. Y mucho más atrás ves un punto gris el cual todos ignoran. Esa es la piedra.

A veces parece que se me olvidó el camino para regresar a la piedra. Pero parece que ya me sé el camino para llegar a ti, un paso adelante, ocho a la derecha y otros dos a la derecha de nuevo. Por fin recorro el camino y ahí estás tú. Tal vez no me estabas esperando y tan solo habías escuchado algunos rumores de mí, pero yo te conozco muy bien. Esa tierna cara, ese pelo lacio, esa sonrisa hermosa, la apreciaba desde mis aburridos días en la piedra.

Fue largo el camino desde la piedra hacia tí. Parecía que lograba mi objetivo, pero parece que he llegado tarde. Parece que estuve mas del tiempo necesario en la piedra, y mientras estaba sentado en ella varias personas recorrieron el camino, varias personas se tropezaron, cayeron, y se volvieron a levantar. La angustia me invade, me ves con indiferencia, no me llamas, te haces mas pequeña. Mas grande se hace la lejana piedra que me invita a regresar. Si no la hubiera dejado, no me hubiera caído ni tropezado innecesariamente para llegar hacia tí. Ahora estaría tranquilo en la piedra.

Yo: -Maldita piedra, no creas que voy a regresar. Dices que mi sufrimiento se debe a que decidí dejarte, pero yo mas bien creo que mi sufrimiento se debe a que pasé tiempo demás contigo. Si te hubiera abandonado desde un principio hubiera logrado mi camino con éxito.

La piedra: -Yo te proporcioné tranquilidad, paz, y una hermosa vista para que admiraras el mundo. No me reclames por tu infortunio.

Yo: ¿Pero como voy a admirar el mundo, si contigo no soy parte de él?.

La piedra: Si eres parte de él, pero no era conveniente que los demás lo supieran, porque si no tendrías que caminar, tropezarte y caerte.

Yo: Pero ser parte de él no es solo ser un adorno mas, ¿para que quiero ser parte del mundo, si nadie me conoce, nadie me ve. En realidad contigo no soy parte del mundo, solo soy una extensión de ti. Inmovil, frío, gris. Por eso es que decidí dejarte.

La piedra: Seré frío y gris, pero al menos conmigo nunca sufrirás golpes, nunca te caerás, nunca fracasarás como te pasó con aquella dama.

Yo: Por eso es que sufrí, porque al estar contigo nunca aprendí a golpearme, a caerme, a fracasar. Por eso te digo, adios piedra. Te dejo, porque quiero aprender a caerme, y a fracasar, como los demás lo han hecho.

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