Polarizados

16 abril 2008

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Un fanático es aquel que no quiere pensar, un fanático es aquel que se amarra a su ideología, y no acepta críticas, y a todo su oponente lo ve como su enemigo. Este tipo de fanáticos, de los que hablo, no son gente común; mas bien son personas que se hacen pasar por intelectuales, escriben en los periódicos y hablan en los medios de comunicación. Esa etiqueta de intelectuales les queda larga, porque parece que no utilizan la mente propiamente para pensar, es mas bien un muro de ignorancia, como con el que uno se encuentra cuando intenta debatir con un apasionado pro-comunismo, o con un materialista como Carlos Mota.
Y ese fanatismo se ve reflejado en la sociedad mexicana, porque propiciado desde las élites en conjunto con los políticos, influyen en la forma de pensar de la sociedad, y se termina haciendo mas que un debate entre dos puntos, una especie de clásico de futbol entre Chivas y América, donde la otra parte tiene que morir y fracasar. Como en nuestro paquete cultural no viene el utilizar la neocorteza cerebral, entonces solo existe el blanco y el negro, unos defienden el blanco a como de lugar y los otros al negro, aunque su versión esté mal, e incluso cuando los dos puntos sean erroneos (vease la discusión de los dos puntos sobre el petroleo).

Se habla de una democracia externa, pero internamente los intelectuales parecen tener un cerebro totalitario donde se puede solamente pensar de una forma, de izquierdas o de derechas, el estado o el mercado. Entre ellos mismos no se ponen de acuerdo, y al mexicano común le enseñan que la forma de debatir, no es debatiendo, es mas bien colocando una barrera y agrediendo a aquel que tiene un punto de opinión diferente.

Las acaloradas discusiones políticas no se dan en base a la razón, se dan en base a que AMLO es un pendejo retrógrada o que Calderón es un ultraderechista, y de ahí parte todo, y de ahí parten las élites intelectuales. Un derechista nunca aceptará una tésis válida de la izquierda ni viceversa. Es la pasión, es el saber que uno tiene la razón (aunque no la tenga, y aunque el defenderla le cueste al país) y no la búsqueda de la verdad.

El mexicano ya se cansó del PRI, del PAN y del PRD. Ya han perdido toda su credibilidad; y ahora este juego se ha convertido en que la oposición es la peligrosa y la radical, sin importar que sucede en las entrañas de lo que se defiende, y que a veces ni se conoce.

No se como vaya a estar la situación en las intermedias del 2009, pero al menos ya se como va a ser la boleta en el 2012

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